La belleza es un término indescriptible que puede o no mostrar la perfección, muchas veces infunde admiración, se presenta con diversos rostros y manifestaciones, causa confusión y en ocasiones se muestra como mero adorno, el tema se puede explicar desde sus tendencias que conceptualizan lo que podría llamarse belleza.

Ser bello es algo natural, y el exceso indica que se hace mal uso de lo artificial cuando el ser humano no es conforme con lo que exhibe en su rostro;  recurre a parámetros fuera de su alcance como lo es la inyectología de tratamientos para el estiramiento del rostro, fisuras, arrugas, manchas entre otros.

La belleza es una modalidad que responde a un deseo consecuente, aborda manifestaciones sensibles de un ideal. Lo lindo es tomado como sentido clásico donde el orden, unidad, luz, simpleza y armonía entran a jugar un papel importante, se nombra lo hermoso del alma, lo que brota desde la parte más intima, y como esa combinación se expone desde lo sagrado y lo sensual disolviéndose una en la otra.

Visto desde otra perspectiva, cómo lo estético con lo misterioso, hace un recorrido donde se menciona que somos citados por las cosas celestiales, porque lo divino vive en nosotros­, “lo experimentamos como nostalgia de la potencia original”. Es esta frase la que permite analizar lo eterno como un tesoro oculto que en ocasiones deseamos que sea conocido, nos dejamos llevar o manipular por lo que sentimos en el rincón más profundo de nuestro cuerpo, el alma, ese principio de la vida, del pensamiento y de la sensación, porque lo divino esta presente en cada cosa que realizamos o tocamos etc.

Cuando se ama el mundo y lo creado, volvemos al principio de donde sale toda esa apreciación, y es cuando recordamos esa parte consciente o inconsciente de nuestro cuerpo, el corazón, donde inicia y termina el ciclo de la vida del ser humano, del que depende vivir o morir, es allí donde proviene el desear o no la unión con el ser que nos creo. “Dios”.  Y es cuando pensamos que exceder en la transformación del rostro conduce a convertirnos en sociedad de consumo guiada por un ideal perfecto, cuando lo perfecto es imperfecto por naturaleza.

Artistas que trabajaron las fuerzas oscuras como nuevos símbolos, ya la  perfección no tiene importancia, y el conflicto hace presencia. Lo agraciado visto en las cosas vulgares y el mundo del placer. Son concepciones tan variables que el ser humano no toma en cuenta, hay objetos que siendo feos tienen una belleza, y como lo bello es bello; pues no se necesita espacio ni lugar para encontrar esa preciosidad, el hecho de buscarla hace que se nos prive de verla en el resto de la existencia no se debe indagar por lo que ya tiene presencia en las cosas cotidianas, en el propio deseo de gozar.

El exceso se encuentra excediendo los límites y traspasando las reglas.

El rostro ha trascendido de lo agradable a lo desagradable, siendo la  representación de una cultura de exceso que no se estanca bajo ningún límite de la transmutación y transformación absoluta, incluso con la rígida diferenciación entre buen gusto  y mal gusto, se inclina por cambiar el aspecto “ideal” de su cara, debido a las mal formaciones que causa la edad;  un punto más a favor de las mujeres que recurren a las inyecciones  y tratamientos forzosos y a veces convenientes para alterar el aspecto de sus rostros; consecuencia de la aparición de las llamadas “arrugas faciales”, un hecho aterrador para el ser humano que crea monstruos diferenciales de la sociedad. Es un hecho que persigue al mundo por infinidad de años, que pasa y llega con una ligereza que impresiona a la posmodernidad; es el punto que crea una sensación de pérdida de centralismo, que destruye la estabilidad que asegura las normas fijas y los límites de lo concebible.

Estamos en una sociedad de óptica atractiva, es decir, que el ojo se siente atraído por lo bello y rechaza lo feo, lo que excede al uso de la avanzada tecnología esteticista, la cirugía y hasta cambio total de su personalidad.

La búsqueda del exceso puesto en escena mediante la exploración de instalaciones, imágenes de vivencia y  de horror; fotografía como medio artístico, afición popular, la propia ciencia  y tecnología, medio informativo,  y la perforación masiva en el rostro. Lo anterior contribuye al mundo una serie de importancia, al crear y al disponer de esa creación para ser observada por la sociedad de consumo que tiene en su mando  la valoración estética.   


El trabajo realizado hace uso de la jeringa sobrepuesta al rostro arrugado,  y el alambre como objeto perforador y destructivo de la piel-carne para indicar como el ser humano recurre a procedimientos  constantes y de largo tiempo, que se transforman en esclavitud y sufrimiento, por el hecho de lograr el ideal perfecto.