El talento es limitado, es finito aunque no podamos cuantificarlo con precisión y, cuanto más dividido se halla en una época dada, más se corre el riesgo de que a cada individuo le corresponda recibir menos. Si eso fuese cierto en lo que aquí nos compete, acaso serviría para explicar las coincidencias que se aprecian entre tantos creadores artísticos en el momento actual. Pero, ¿eso nos daría derecho a hablar de apropiacionismo de uno respecto de otros, o tan sólo de coincidencia temática por estrictas razones de contemporaneidad?.
Apropiacionismo sería el empleo consciente, por parte de un artista dado, de elementos pertenecientes a otras obras artísticas, bien de su misma época o bien de épocas precedentes, para desarrollar parcial o completamente una obra que firma como propia. Pero la complejidad del término "cultura" nos llevaría a considerar como determinantes de los límites de la misma a elementos que no necesariamente tienen que ser obras de arte o fragmentos de las mismas, sino materiales que, dentro de esa cultura, tienen el rango de iconos o de símbolos. El apropiacionismo, pues, se practica también a nivel de lo sonoro al tomar prestado, por ejemplo, un fragmento de himno nacional o el vocear de un vendedor de lotería.
Apropiación, plagio, robo:
En el telón de fondo del fenómeno del apropiacionismo se encuentran, por qué no decirlo, aspectos éticos tanto como sociológicos, económicos y culturales. Los profetas de un nuevo orden creativo y social que emerge de los medios electrónicos vienen repetidamente hablando desde hace años de la "muerte del autor". Por otro lado, se fomenta la creación de obras interactivas en algunos de esos medios, pero sobre todo en la "red de redes”: Internet. Junto a ello, nunca ha sido más evidente que ahora el mayor o menor plagio que los creativos metidos en el negocio de la publicidad llevan impunemente a cabo con ideas artísticas o soluciones que provienen de los terrenos más experimentales, al tiempo que, incluso desde las instancias de lo público, se pretende reducir a la indigencia toda iniciativa experimental ("hay un tiempo para la búsqueda y otro para el abandono", como hace poco me recordaba mi buen amigo Pinotto Fava) Es evidente el cinismo que preside tanta operación de "préstamo forzoso".
Pero no es lo más beneficioso para muchos de esos artistas la corriente pseudo-colectivizadora de algún apropiacionismo de fin de siglo, que tanto tiene que ver en ocasiones con el puro y simple robo, esté o no perseguido por la ley
Las razones del apropiacionismo:
Cuál es la necesidad que mueve a los creadores a apropiarse de obras que les son ajenos? Por otro lado, es sincera -no oportunista- la necesidad del ejercicio de un apropiacionismo por parte de un buen número de artistas. En esos casos, tal actitud forma parte de su visión del mundo, de la necesidad de incluir el mundo en su obra para ponerlo en cuestión, para componer tomándolo como referencia o para construir a partir de sus elementos formantes o bien de sus residuos. Es el caso del "collagismo" como procedimiento de yuxtaposición.
Encontramos que todo ello obedece a factores de legitimación de la propia obra que, no siendo originales de nuestro tiempo. Uno de esos factores, si no el fundamental, se vincula a lo que podría enunciarse como "el fin de la era ilustrada", que en mi opinión es la verdadera cara filosófica y sociológica -con derivaciones en la economía, la ética y la política- de eso que se ha venido denominando "post-modernidad". Ese fin del proyecto moderno, ese proclamado fin de la Historia, arroja a los artistas a una recuperación de la memoria, tanto o más intensa cuanto se persigue desde un plano subjetivo, ajeno a las exigencias del historiador, si bien -a falta de la objetividad que a éste se le supone- el artista busca con esa práctica el eco de una cierta "intersubjetividad".
Pero lo anterior nos lleva también a considerar, junto a la fascinación que en nuestro tiempo ejerce la noción de interactividad y, en general, todos los aspectos que propenden a una toma de decisiones compartida, descentralizada y, en lo posible, horizontal, que otro de los valores en los cuales se deja sentir el fin de la era ilustrada es el relativo a la noción de autoridad, al desprestigio de la autoridad moral que ha caído con estrépito como lo hicieran el muro de Berlín -trágico decorado donde los haya, por cierto- o las estatuas de tantos hombres y dictadores. Es la fractura del discurso único en múltiples direcciones lo que lleva, muy posiblemente, al ejercicio sistemático de esa anhelada autodeterminación -que a la postre se revela en tantas ocasiones como una nueva falacia pro-consumista del sistema-, en base a cuyas premisas la diversificación y la ósmosis se producen como prácticas absolutamente desinhibidas. Bajo ese supuesto, pues -el del apropiacionismo como fenómeno de ósmosis artística- el arte de nuestro fin de siglo, nos muestra algunas de sus mejores realizaciones pero también unas cuantas de sus más notorias carencias.
Como el crítico y editor francés Michel Giroux me comentaba hace poco, "una vez desaparecida la formidable energía que hizo nacer los magníficos edificios de las vanguardias artísticas hoy sólo nos quedan ventanas". Eso sí, con trémulas luces tras ellas, que pueden servirnos para constatar que no estamos solos en este mundo desencantado y ajeno. Apropiarse de algo también es, y lo digo sin ironía aunque sí con un cierto cinismo no exento de canibalismo, una forma de compartir.
La apropiación Posmoderna aporta al ámbito de nuestra crítica un pormenorizado estudio de ese paso de la obra al marco, de la pretensión de un arte antítesis de las ideologías a un arte cuyo objetivo principal es la crítica de los modos de institucionalización y recepción de la obra artística, así como de los procesos de neutralización de su valor crítico-social, el destino de ésta en su inmersión en los procesos de comercialización y en los contextos que ella implica, la galería, la casa del coleccionista o el museo. Un libro, pues, acerca de los intentos, propios de algunas de las más comprometidas propuestas artísticas de nuestro tiempo, de integrar, a la manera duchampiana, y dentro de la concepción de la obra, las formas finales de su distribución, las condiciones de "a culturalización" y los modos de lectura que están contenidas dentro de las prácticas de institucionalización de las obras de arte.
JOSÉ IGES.
Personalmente el apropiacionismo es un término que enmarca la toma de una copia de una obra de un artista, donde se le efectúan cambios, y se toma como propia.
VICK MUNIZ
Artista contemporáneo; En esta época se tenía al hombre actual como centro del universo. Nació en Sao Paolo Brasil, en 1961, residente en Nueva York. Su trabajo artístico, es un ensayo para el mecanismo de representación fotográfica, y la contradicción entre las tensiones de la realidad y la apariencia, sus obras son, sin duda alguna maravillosas e increíbles, por la técnica que utiliza con algunos objetos reciclables y la manipulación minuciosa, cuidadosa que realiza para finalizarlos, y dar un aporte al mundo confuso y atacado por el consumismo. “Convencido de que la representatividad de los objetos es más interesante que los objetos mismos, la fotografía es para el artista el instrumento que fija la imagen de un pensamiento”. Este artista tiene mucho que ver con el tema del apropiacionismo, porque en su proceso técnico, selecciona iconos representativos de la historia de las imágenes, un ejemplo evidente, es cuando toma fotografías de cuadros de otros artistas como Leonardo, Delacroix, Warhol, los retratos de Marylin Monroe, Jaqueline Kennedy, Liz Taylor o Jackson Pollock, y las reconstruye en dibujos, pinturas y esculturas efímeras, es decir, que no permanecen por mucho tiempo, debido a los materiales con los que la construye, aunque estas pueden tardar horas o días, todo depende del material; después de finalizarlas, realiza el registro fotográfico, y las destruye; por que al fin su obra esta latente en la fotografía que es lo que al artista le interesa y el resto son sobras inútiles. Lo interesante es que su intervención es realizada a partir de materiales de uso corriente y poco común como: hilos de lana o alambre con los que ha realizado dibujos e imágenes de agujero muy bien elaboradas, caramelo, desechos de basura, polvo, azúcar e inclusive chocolate para dibujar los objetos de sus fotografías convencionales. No desaprovecha ningún desecho reciclable, porque utiliza el polvo y basura pequeña que recoge en lugares específicos, como las salas de un museo, curry, ají pimiento, espaguetis, mantequilla de maní y salsa de tomate para elaborar las imágenes sobre las cuales trabaja. Esos materiales dan título a sus distintas series como:”Niños de azúcar, Imágenes del suelo o Imanes de chocolate” La temática que maneja, son los retratos, y las escenas de la vida cotidiana, al igual que imágenes reconocibles en la historia del arte para reinterpretarlas. Pero estas no pasan inadvertidas de la visión crítica del artista.
Su trabajo no es tan fácil como se cree, podríamos pensar que todo este revuelco son recetas culinarias pero, en realidad es su obra; al trabajar con el chocolate, debe investigar varias marcas de este producto para escoger la indicada, que le permita trabajar durante un tiempo sin que esta se seque y pierda su brillo.
lo digo sin ironía aunque sí con un cierto cinismo no exento de canibalismo, una forma de compartir.
La apropiación Posmoderna aporta al ámbito de nuestra crítica un pormenorizado estudio de ese paso de la obra al marco, de la pretensión de un arte antítesis de las ideologías a un arte cuyo objetivo principal es la crítica de los modos de institucionalización y recepción de la obra artística, así como de los procesos de neutralización de su valor crítico-social, el destino de ésta en su inmersión en los procesos de comercialización y en los contextos que ella implica, la galería, la casa del coleccionista o el museo. Un libro, pues, acerca de los intentos, propios de algunas de las más comprometidas propuestas artísticas de nuestro tiempo, de integrar, a la manera duchampiana, y dentro de la concepción de la obra, las formas finales de su distribución, las condiciones de "a culturalización" y los modos de lectura que están contenidas dentro de las prácticas de institucionalización de las obras de arte.
JOSÉ IGES.
Personalmente el apropiacionismo es un término que enmarca la toma de una copia de una obra de un artista, donde se le efectúan cambios, y se toma como propia.
VICK MUNIZ
Artista contemporáneo; En esta época se tenía al hombre actual como centro del universo. Nació en Sao Paolo Brasil, en 1961, residente en Nueva York. Su trabajo artístico, es un ensayo para el mecanismo de representación fotográfica, y la contradicción entre las tensiones de la realidad y la apariencia, sus obras son, sin duda alguna maravillosas e increíbles, por la técnica que utiliza con algunos objetos reciclables y la manipulación minuciosa, cuidadosa que realiza para finalizarlos, y dar un aporte al mundo confuso y atacado por el consumismo. “Convencido de que la representatividad de los objetos es más interesante que los objetos mismos, la fotografía es para el artista el instrumento que fija la imagen de un pensamiento”. Este artista tiene mucho que ver con el tema del apropiacionismo, porque en su proceso técnico, selecciona iconos representativos de la historia de las imágenes, un ejemplo evidente, es cuando toma fotografías de cuadros de otros artistas como Leonardo, Delacroix, Warhol, los retratos de Marylin Monroe, Jaqueline Kennedy, Liz Taylor o Jackson Pollock, y las reconstruye en dibujos, pinturas y esculturas efímeras, es decir, que no permanecen por mucho tiempo, debido a los materiales con los que la construye, aunque estas pueden tardar horas o días, todo depende del material; después de finalizarlas, realiza el registro fotográfico, y las destruye; por que al fin su obra esta latente en la fotografía que es lo que al artista le interesa y el resto son sobras inútiles. Lo interesante es que su intervención es realizada a partir de materiales de uso corriente y poco común como: hilos de lana o alambre con los que ha realizado dibujos e imágenes de agujero muy bien elaboradas, caramelo, desechos de basura, polvo, azúcar e inclusive chocolate para dibujar los objetos de sus fotografías convencionales. No desaprovecha ningún desecho reciclable, porque utiliza el polvo y basura pequeña que recoge en lugares específicos, como las salas de un museo, curry, ají pimiento, espaguetis, mantequilla de maní y salsa de tomate para elaborar las imágenes sobre las cuales trabaja. Esos materiales dan título a sus distintas series como:”Niños de azúcar, Imágenes del suelo o Imanes de chocolate” La temática que maneja, son los retratos, y las escenas de la vida cotidiana, al igual que imágenes reconocibles en la historia del arte para reinterpretarlas. Pero estas no pasan inadvertidas de la visión crítica del artista.
Su trabajo no es tan fácil como se cree, podríamos pensar que todo este revuelco son recetas culinarias pero, en realidad es su obra; al trabajar con el chocolate, debe investigar varias marcas de este producto para escoger la indicada, que le permita trabajar durante un tiempo sin que esta se seque y pierda su brillo.
Vick Muniz Monna Lisa
Una de las imágenes importantes del renacimiento como la Monna lisa de Leonardo Da Vinci y reconocible de la historia del arte o de la vida popular es reinterpretada por Muniz, tal vez en este momento de la época no sea tan ético apropiarse de las obras de otros artistas, porque de igual forma estas les pertenece y fueron creadas por su propia iniciativa; si la apropiación existe es porque estamos en una época donde el mundo esta fuera de control, y las reglas que rigen a la sociedad dependen de la captación de lo moral; pero si los códigos éticos fueron impuestos como un habito que debía cumplirse; el nuevo código ético debería ser elaborado no como propósito y compromiso de una línea de conducta, sino con el fin, menos noble, de obtener beneficios.
“A pesar de esta posibilidad de mala elección por parte de la libre voluntad del hombre, todos también parecen estar de acuerdo en que la conciencia del individuo -que constituye su más inviolable intimidad- es la norma próxima para formular lo que el hombre debe hacer o no hacer, o para valorar una acción ya realizada. Pero este acto de la conciencia no puede ser ni un sentimiento, ni una pura decisión inmotivada; el acto de la conciencia es un juicio práctico que, al aplicar la norma remota a una situación concreta, produce el imperativo moral, es decir, la obligación de hacer lo que el sujeto, aquí y ahora, conoce como un bien, y de no hacer lo que sabe es un mal.”
Aristóteles
Hay que entender que la fotografía es mucho más eficaz para cuestionar territorios como la autoría, la unicidad y la subjetividad.Lo que llama la atención de estas formas de arte es la recurrencia a la distorsión de las imágenes de los medios y, naturalmente, a una sorpresa de descontextualizaciones que es, por otro lado, muy mediática. “Robar iconos era algo que ya había hecho Rauschenberg y que retoman los que han sido bautizados como apropiacionistas, un guiño historicista para los que posean la noción de la historia, un guiño más a la crítica que al público”.
Quizás Muniz no esta yendo en contra de las normas, porque no hay ninguna impuesta, todos los seres humanos de alguna forma nos apropiamos de lo que no nos pertenece, es como un recurso del que la sociedad se alimenta, por la razón de que estamos en el inmediatismo de tomar lo ajeno y vivir de las conservas que nos dejan otros individuos.
Además la obra de “la Monna Lisa es una de esas obras de arte que cada generación debe volver a interpretar”.
Kenneth Clark.
“las obras de arte son provocaciones. Nosotros no las explicamos, si no que polemizamos con ellas. Las interpretamos de acuerdo con nuestros propios fines y aspiraciones, trasladamos a ellas un sentido cuyo origen se encuentra en nuestras propias formas de vida hábitos mentales; en una palabra, de todo arte con el que nos hallamos en auténtica relación, hacemos un arte moderno”.
Arnold Hauser .
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